Estoy muy contenta con poder contar con Juan en mi equipo, es un gran decorador y un gran compañero de fatigas; le tengo que decir que repase la presentación del cliente. Le dije que me gustaba, pero creo que hay que cambiar el enfoque, es un cliente un poco especial en lo que a gustos se refiere. El diseño de decoración de su casa a mí me encanta, pero creo que habría que investigar más sobre los gustos del cliente, por si acaso algo se nos ha escapado.

 

Tengo que responder a los 34 correos electrónicos que tengo pendientes, pero que no se me olvide el más importante: el presupuesto nuevo y mandar a la asesoría todas las facturas.

¡Uf, las facturas!, este mes vamos un poco justos. Cierto que el mes pasado fue genial, tuvimos muchos encargos y salieron todos muy bien, pero este mes hemos tenido muchos gastos. Supongo que cuanto más crezca el negocio más gastos habrá, pero es que algunos ni los he visto venir. Lo de la LOPD, ¿a quién se le ocurrió? No teníamos bastante que pagar ya los autónomos… y encima que se haya roto la impresora tampoco ha ayudado, vamos que este mes la asesoría va alucinar con todas las facturas que llevo. Espero que algunos de los clientes a los que les hemos pasado el presupuesto, se decidan por hacerlo con nosotros.

Pero claro, cuantos más clientes menos tiempo tendré para estar con Marta y Jorge, y eso me hace sentirme fatal. Yo sé que Antonio está con ellos, es un gran padre, pero yo también quiero pasar tiempo con ellos. Qué duro es estar en el despacho trabajando y  oírles reír o pelear, yo quiero estar con ellos. Pero si quiero sacar adelante mi proyecto no me queda más remedio que pasar con ellos solo los fines de semana y algún rato que araño en el día a día. Marta va genial en el cole, se siente muy mayor, les van dejando más independencia, y también la quiere en casa y me lo deja clarocuando negocia para salir con sus amigas… qué difícil ser madre de una niña de 14 años. Aún tengo a Jorge que con 10 años sigue pensando en sus juguetes.

¡Ay!, por cierto, tengo que ir a comprar un regalo a mi sobrina Carlota. Me llevaré a Marta a comprarlo, que entre ellas se entienden genial y así acertamos seguro. Se lo tenemos que llevar el sábado, seguro que mi cuñada lleva un mes organizando su 15 cumpleaños. A esta familia lo que le gusta una celebración… tengo que preguntar a mi madre si quiere que le recojamos. Casa grande quería mi hermano, pero claro lejos, lejos.

Pero ¿dónde estoy? No me lo puedo creer me he pasado la salida, pero ¿cuándo? ¡Uf!, espera que ahora tengo que dar la vuelta. A ver si este señor me deja pasar, he puesto el intermitente, pero le da igual, debo ser invisible. Venga hombre, ¿no ves que quiero pasar? Pues mira acelero y cuando me tenga pegado a él a ver si me deja o no, vamos como si quiere que le arañe el coche, no tengo problema. Verás como se termina quitando… ¿ahora qué, listillo? Paso yo y punto. Sabía que iba me iba a dejar pasar, presionando gano yo. ¡Venga que llego tarde!

Y esta calle ¿desde cuándo es prohibida? ¡Bua!, mira doy la vuelta aquí y listo.

¡No puede ser!, hoy no… no me lo puedo creer. A mí no, pero si no había nadie. Si es que no he mirado bien. Vaya rato que llevo entre saltarme la salida, el imbécil que no me dejaba pasar y ahora esto… al final no llego a la reunión. A ver qué quiere…

-Dígame señor agente.